III
No vivo de la poesía.
Más sin poesía no vivo.
Ella me susurra al oído
las cosas que necesito.
La poesía me acompaña,
me dibuja mi camino.
Me descifra las letras
que amanecen conmigo.
La poesía es mi huella,
mi pasado, mi destino.
Con ella la vida es simple.
En la simpleza me desvivo.
La poesía está en mi sangre,
en mi espalda, en mi vientre.
La sostengo en los latidos.
Se me vierte entre los dedos.
La poesía es mi alimento.
No hay día en que no la encuentre.
Sin ella no hallo sentido.
Ese sentido de ver distinto.
La poesía es mi compañia.
A veces sólo está en mi mente
cantándome suavemente
para arroparme en la noche
con palabras ardientes.
La poesía es un signo
que descifro en el cielo
mientras persigo algún pájaro
o vigilo al lucero.
La poesía la leo
en los ojos de los pequeños.
La entiendo de los labios abuelos.
La escucho desde adentro.
La poesía está en las hojas
de estos árboles tiernos.
En las cumbres de nieve.
En las voces más débiles.
La poesía no muere.
Aunque nosotros no estemos
y otros sigan nuestros pasos
ella vive en la vida,
La vida hace la poesía.
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