martes, 1 de febrero de 2011

ARTE DE MI TIERRA

Vino. Brebaje fruto de la sangre. De la laboriosa sangre del hombre. Vertiente fértil de la tierra. Absorbes de su savia infinita y te vuelves en deliciosos manjares. Ofrenda gloriosa que supo esperar los contados días, uno sobre el otro a pesar de las inclemencias. Desafío humano y mágico que renace de esos granos multicolores. Líquido embriagador para celebrar la conquista del suelo. Naces del surco. Mantienes silencios. Evocas épocas. Eres historia. Acompañaste al hombre mientras él se iba descubriendo. Tu  transparencia en el vidrio invita a reflexionar. Alegras el espíritu, la fiesta. Eres motivo de encuentros, de inspiraciones, rico en sabores, tienes a todos los colores. Vino rojo. Intenso y aromático cuando invades el paladar. Hasta le transmites a tu parra tu pasión. La vislumbras en el otoño en las hojas multicolor teñidas de ocre. Vino blanco. Exquisito perfume. Delicada presencia. Aromatizado con esencias especiales. Vino del brindis.
Estás en la mesa del labriego. En la mesa del festejo. En la mesa  de Dios. Estás para disfrutarte. Tienes el alma de acompañar. En una copa de vino hasta se te puede confiar todos los secretos. Entre los amigos eres el paladín de la risa. Entre los amantes eres el deseo hecho realidad. En la soledad, eres el testigo. Vino, dotado de la paciencia que da el don de la sabiduría. Porque sabia es la vida en darte todo el tiempo que necesitas para llegar a ser líquido en la boca del sediento. Porque eres el arte del labrador. Un arte que se transmite de generación en generación. Te alimentas de la vida. A la vida le devuelves tu alimento. Llegar a ti es recorrer un largo camino. Esperarte es como esperar a un hijo. Cuidar de ti es aumentar la esperanza. Tenerte entre las manos, alzando la copa, es un homenaje.
Eres el culto al trabajo. No hay vino sin sacrificio. Madrugadas continuas. Rezos profundos. Anhelos compartidos. No llega el vino sin caminar entre las hileras. Hablarle a las parras cada amanecer. Vigilar los sarmientos, cuidar de las heladas. Regar tus raíces. El vino llega al madurar las uvas. El vino viene después de sortear malignidades y tempestades. Pero siempre llega. Vino, sigues bendiciendo esta tierra. Tierra del sol y del buen vino. Vino que partes al mundo para darte a conocer. En cada sorbo de vino hay una historia. Un hombre que le dio su propia historia. Detrás del vino está la vida de una generación. De un pueblo. El vino es su cultura. Su tradición. Eres júbilo, dios de dioses. Que siga la tierra cobijando tu esencia. Alimento del espíritu del hombre. Eres infinito. Principio de los principios sin final anunciado.
                                                                      Mónica Yolanda Gordillo